Nos vamos

lamirillaLa semana pasada este señor anunció que se vuelve a enseñar Química Orgánica en la misma facultad de la que salió hace treinta y dos años para meterse en política.

Olé por él. He leído de todo: que si es una irresponsabilidad, que si la Química ha cambiado radicalmente, que si incluso hay no sé cuántos elementos nuevos en la tabla periódica. En qué poca estima tienen el intelecto de un profesor que, dicho sea de paso, ha anunciado que no dará clase hasta el segundo cuatrimestre, para tener tiempo para actualizarse. Me da a mí que en esos cuatro meses puede refrescar lo que muchos no aprenderían en cuatro años (o en cuarenta). Y eso de volver a ser lo que uno fue, qué lección para los que juegan a ser lo más sin haber sido jamás lo menos, incluso sin haber sido nunca nada.

 En este país de tirios y troyanos y adhesiones y repulsas inquebrantables (qué bien nos conocía aquel gallego, hasta los adjetivos de su prosopopeya oficial estaban bien escogidos) muchos lo tienen atravesado sólo porque es del partido que es y porque le ayudó a ganar elecciones, lo que de paso determinó que las perdiera el contrario. Aunque la que más le recuerdan, la de 2004, es un asunto sujeto a interpretaciones. Algunos pensamos, pensaremos siempre, que fue Aznar quien abatió, con esas manitas, a un Rajoy que con sólo ponerse de perfil tres días (él y su partido, claro está) habría sacado ahí su primera mayoría absoluta.

 Le afean mucho a Alfredo Pérez Rubalcaba lo de la LOGSE, una reforma educativa con no pocos fallos, basados en el voluntarismo de su concepción, pero que obró al mismo tiempo, y eso no se le suele recordar, la escolarización universal de un país que no tenía tan lejana la época del analfabetismo y del abandono generalizado y temprano (o tempranísimo) de los estudios. Digamos que la LOGSE bajó el nivel general de los titulados de secundaria, pero al mismo tiempo elevó el nivel general de instrucción de la población. Hay que poner ambas cosas en la balanza para enjuiciarla.

 Y no paran de darle tralla con lo del chivatazo del bar Faisán (ni siquiera ahora, en sus exequias como responsable político), pero alguien habrá de recordar y anotar alguna vez que bajo su mandato como ministro de Interior se descabezó a ETA varias veces, hasta dejarla hecha unos zorros y totalmente inoperativa. De propina, en ese mismo periodo se bajó dramáticamente la siniestralidad vial. No son dos logros menores.

Mucho se le puede criticar, como a cualquiera que haya estado ahí tanto tiempo, y quizá más que nada que contribuyera a sostener el calamitoso gobierno de ZP (la factura que no ha sido capaz de saldar y que ha precipitado su fin) y que no acertara a sacar al PSOE del marasmo en que lo sumieron las elecciones de 2011, habiendo apostado por intentarlo. Con todo, en la hora de su adiós, lo han elogiado hasta sus enemigos. Él mismo lo ha descrito con su fina ironía: en España enterramos bien. No sé lo que durará de profesor de Química, ni si llegará finalmente a cumplir ese propósito. Pero si lo hace, no me importaría nada asistir como oyente a sus clases, como en su día asistí a las de Filosofía de la Ciencia de D. Roberto Saumells. El privilegio de escuchar a alguien inteligente vale más que el dominio de cualquier asignatura, y normalmente, si la da, lleva de suyo el aprovechamiento en ésta.

 También la semana pasada se fue esta mujer portentosa e irrepetible:

Dejó escritos libros hermosos y sabios, y para la posteridad frases sobre la vida y la escritura que merecen enmarcarse. Como la que citaba en estos días mi amiga Lola Gracia en su blog: “Me parecería una descortesía que Dios no existiera”. Desde la declaración del sofista Protágoras (“Sobre los dioses no puedo decir ni que existen ni que no existen, tales son la oscuridad del problema y la pequeñez de la vida humana para abarcarlo”) acaso la afirmación más inteligente que he leído sobre la divinidad.

 No es menos enjundioso lo que dejó dicho sobre la literatura, o la creación en general, ese oficio de seres perdidos que sin embargo, cuando dominan su arte, llegan a derramar luz sobre sus semejantes: “El que no inventa, no vive”. No se puede decir con menos palabras, ni más claras, ni más aleccionadoras, para los habitantes de un país una de cuyas principales taras es precisamente la escasez de pulsión inventora, a la que se suma el desprecio de muchos por ella y por quienes la tienen.

 Me pidieron que escribiera un artículo despidiéndola. Hice lo que pude, desde la admiración y la gratitud que le debo (muy directa, de hecho: estaba en el jurado que me declaró finalista del Premio Nadal en 1997, en el que me lo otorgó en el 2000 y en el que me distinguió con el Primavera en 2004). Y aunque los elogios han sido generales y la despedida atenta y respetuosa, uno tiene la sensación de que personas como ella nunca terminan de recibir del todo el pago que merecen por su inmensa aportación. En este país, y en general.

Por fortuna, Ana María Matute queda en sus libros. Cualquiera puede hacer que empiece de nuevo hoy Olvidado rey Gudú. Y en septiembre saldrá su último libro, Demonios familiares, el que los hados funestos del verano no quisieron que llegara a ver.

Y ya que va de despedidas, sumo una tercera. La de este blog y su autor, que después de dos años largos escribiendo aquí, cerramos la tienda. La página que nos cobijaba, Msn.es, ha decidido legítimamente reenfocar sus contenidos. Nada que objetar: éste es un mundo difícil para quien está en el negocio de la comunicación, y cada cual va redefiniendo como puede sus estrategias para sobrevivir. Yo agradezco haber tenido durante todos estos meses la posibilidad de expresarme aquí con absoluta libertad, sobre temas que en alguna ocasión, soy consciente, interesaban a pocas personas (gratitud que tiene nombre y apellidos, los de África Silvelo, que me reclutó para la labor). Me llevo eso, y la complicidad y la oportunidad de haber podido estrechar lazos con Carme Chaparro, mi compañera de todos estos meses en estas lides blogueras, y, en fin, la atención de los lectores generosos que se han pasado por aquí. La vida continúa. Nos seguimos viendo en alguna otra parte. Suerte a todos.

Fuente: MSN | Lorenzo Silva

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En la actualidad la gente sólo se preocupa por sus derechos. Recordarle que también tiene deberes y responsabilidades es un acto de valor que no corresponde exclusivamente a los políticos. Gandhi.
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