“Una vez empiezas, ya no puedes parar…”: así es realmente la ninfomanía

elconfidencialSe habla mucho de numerosas adicciones que hacen la vida de los seres humanos más dolorosa. Se puede ser adicto a diferentes drogas, al alcohol, al tabaco, y también al deporte o al trabajo, e incluso a las compras. La lengua inglesa ha inventado para todas esas adicciones nombres varios (shopaholic, workaholic), pero hay una, universal y silente, que conserva su raíz latina, también en inglés: la ninfomanía. La RAE la define como “furor uterino”, y a éste como el “deseo violento e insaciable en la mujer de entregarse a la cópula”. Sin embargo, no sólo de cópula vive la ninfómana, y no sólo las mujeres padecen esta adicción.

De la adicción al sexo no se hablaba tanto hasta que Lars von Trier estrenó su ya célebre y polémica película en dos volúmenes, Nymphomaniac, en la que Charlotte Gainsbourg interpreta a una mujer que padece la mencionada adicción. A raíz de la exitosa película, los medios se han hecho eco de este problema del que no parece hablarse tanto, pero que es para mucha gente una realidad con la tiene que convivir en su día a día. ¿En qué consiste, exactamente, la ninfomanía?

Ninfómanos anónimos

Son destacables algunas de las declaraciones que podemos encontrar en la página Sex Addicts Anonymous in the UK, en la que numerosos adictos al sexo dejan testimonio de su experiencia. “¿Controlas tu vida sexual o ella te controla a ti?”, se pregunta al público en esta página web, desde la que se quiere destacar el hecho de que la adicción sexual es una realidad: “No todos los que tienen una aventura son adictos. Y no todos los que ven pornografía son adictos. Pero la adicción al sexo existe”. Según ellos, esta adicción se manifiesta claramente de dos maneras distintas.

  1. Una vez que has empezado, no puedes parar: “Para los adictos al sexo no existe algo como “cinco minutos de porno” o “bueno, una hora en el strip club” o un “sólo una pareja sexual esta semana”, declaran desde Sex Addicts Anonymous, y reiteran que hay un rasgo general a todas las adicciones: “sea lo que sea a lo que estás enganchado, es imposible parar una vez has empezado”.
  2. No puedes dejarlo, sean cuales sean las consecuencias: los adictos al sexo, según esta asociación, no recuerdan las terribles consecuencias de sus actos (desde relaciones rotas hasta enfermedades de transmisión sexual) y reiteran su comportamiento una y otra vez sin pensar en las posibles consecuencias.

Un ejemplo concreto

Los testimonios son numerosos y variados, pero cabe destacar el que ha redactado una mujer que se está recuperando de su adicción, y que mantiene el anonimato.

La chica cuenta cómo dejó el colegio a los dieciséis años y cómo consiguió su primer trabajo, gracias al cual pudo empezar a salir los fines de semana a bares y discotecas. “La excitación se construía al ponerme el maquillaje y la ropa y pensar: “¿Cómo estoy? ¿Resulto sexy? Salía por las noches simplemente para acostarme con alguien. Encontraba algún hombre joven y tenía relaciones sexuales con él tan rápido como fuera posible. Lo hacíamos en cualquier sitio: las partes traseras de los coches, en una esquina, en el parque…”.

Así comenzó la vida sexual de una adolescente que pronto descubrió que era adicta al sexo, y cuyas sensaciones oscilaban entre dos puntos muy radicales: “Cada vez, pensaba: ‘¡Sí! Este va a ser el elegido’. Probablemente buscaba una relación. Pero después siempre pensaba: ‘Agh, no, no ha sido nada agradable y me he sentido terriblemente avergonzada’. No obstante, si no conseguía tener sexo me deprimía durante semanas. Era un verdadero golpe contra mi autoestima”.

La joven que ofrece testimonio se muestra contenta por el hecho de que Lars von Trier haya rodado Nymphomaniac, y considera muy positiva su proyección en los cines ya que, según ella, las adictas sexuales son infrecuentes y no se las suele comprender y, además, “es un fenómeno más común de lo que pensamos”. La treintañera afirma –en contraposición a la definición de la RAE–  “que el ratio es de una mujer por cada diez hombres, y en el caso de las mujeres en particular la vergüenza y el estigma son mayores”.

Como muchos de los adictos al sexo, esta chica cuenta que desde muy pequeña empezó a tener fantasías sexuales muy intensas y frecuentes. También define lo que ella considera adicción: “Por supuesto, todos sentimos deseo sexual, ¿pero en qué momento se convierte en adicción? Hay tres signos. El primero es que haces algo que crees que está mal, pero aún así lo haces. El segundo es que gradualmente la cosa empeora. El tercero es que no puedes parar, aun cuando quieres: es compulsivo”.

Esta joven se casó sin pensarlo demasiado, creyendo que el matrimonio la curaría: “Tendré una vida sexual normal y ya no haré nada más”. Sin embargo, su adicción sólo se aparcó por un tiempo, y luego volvió a la carga. Los hombres que más la atraían, dice, eran los que no estaban dispuestos a tener una aventura: eran inalcanzables.

Tuvo dos hijos, pero era incapaz de parar. Su marido no notaba nada, aunque su matrimonio no iba muy bien. Su adicción era total: “No había ningún hombre con el que no me habría acostado una vez”. Fue entonces cuando se dio cuenta de que tenía que cambiar, buscó en internet y acudió a una reunión para adictos al sexo. “Fue muy raro al principio, yo era la única mujer en una habitación llena de hombres”, declara, para después añadir: “Fue un trabajo muy duro, pero me di cuenta de que la adicción al sexo es la perversión de la búsqueda del amor, y al final me las arreglé para superarlo”.

Tras 30 años de matrimonio, ahora ha dejado a su marido (que no sospechaba nada), contándole la verdad. La superación de sus problemas la ha ayudado mucho, no sólo en lo referente a su vida sexual, sino en general: “Ahora, si tengo un problema lo resuelvo; no huyo de él en busca de sexo”, cuenta, satisfecha.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-03-01/una-vez-empiezas-ya-no-puedes-parar-asi-es-realmente-la-ninfomania_92382/

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