Para Navidad, me pido ser feliz

savethechildrenImaginad que en medio de la vorágine navideña, abrís la carta dirigida a los Reyes Magos y leéis semejante petición. Superado el escepticismo, reflexionad por un momento si, lo esencial en la vida de un niño o una niña es conseguir el Scalextric, la colección de las Monster High o el Cinexín; si lo que verdaderamente hace reír a un niño a carcajadas  se esconde en los flamantes escaparates dirigidos a estos pequeños e incorregibles clientes.

Tras un niño feliz, seguramente exista una familia feliz. Esta aplastante obviedad, de la que no somos conscientes muy a menudo, es clave para reflexionar sobre los males endémicos que afectan a muchos niños y niñas en nuestra sociedad.

Mientras aumenta el número de prescripciones facultativas de psicofármacos infantiles para  tratar trastornos de conducta, emocionales, o  de aprendizaje, no dejamos de preguntarnos qué puede estar fallando.

Podemos culpar a la crisis de valores en general o a la pérdida de valores familiares tradicionales;  a la falta de disciplina, o buscar causas biológicas subyacentes, pero si una cosa queda clara es que, en lo que respecta al abordaje del problema, siempre nos decantamos por soluciones rápidas y visibles a corto plazo en las que prima el enfoque pragmático de los adultos, rara vez compatible con los tiempos y las características de los niños y las niñas.

Un estudio de UNICEF del pasado año, El Bienestar Infantil desde el punto de vista de los niños: ¿qué afecta el bienestar de niños y niñas de 1º de ESO en España? señala que los niños y las niñas con niveles más altos de felicidad subjetiva son aquellos que se sienten seguros, escuchados y bien tratados por las personas de su entorno, entre otros aspectos.

En ¡Queremos a nuestros padres! los niños nos decían que lo que más valoran en las relaciones con sus progenitores es el tiempo que les dedican a compartir juegos con ellos; recibir argumentos lógicos en lugar de decisiones impuestas y disfrutar del mismo respeto que se les exige hacia los adultos, en términos de participación o de consideración hacia sus sentimientos e ideas.

Los niños y las niñas felices son más curiosos, respetuosos y sensibles a las necesidades de los demás porque disfrutan de relaciones familiares y sociales de buena calidad. Obvio. Si se trata de una cuestión lógica, que incide positivamente en la salud mental y física de las personas, en el capital social ¿por qué no invertir en felicidad familiar?

Os presentamos una herramienta que contribuye a construir relaciones familiares sanas, educando a través del buen trato. Queriendo se entiende la familia es una propuesta construida por y para profesionales del ámbito de la intervención y su principal objetivo es ayudar a construir un clima familiar saludable a través del fortalecimiento de los vínculos afectivos, el respeto y la resolución de situaciones cotidianas mediante el diálogo y la negociación. La propuesta incluye nueve sesiones de trabajo, plagadas de actividades que ofrecen estrategias para promover el conocimiento mutuo, facilitar la expresión del afecto y superar los obstáculos cotidianos de la convivencia.

El testimonio de los profesionales que intervinieron en el programa de parentalidad positiva de SC (video BCN), reafirma la importancia de trabajar “obviedades” como la escucha activa, la expresión abierta del afecto o la coherencia, por ejemplo.

Psicólogos, trabajadores sociales, educadores y demás profesionales del ámbito de la intervención, éste es nuestro obsequio navideño. Os invitamos a usar esta herramienta para contribuir al desarrollo de una sociedad más consciente y feliz.

Esta entrada ha sido escrita por nuestra compañera Romina González, técnico de Advocacy y Políticas de Infancia.

Fuente: http://blogs.savethechildren.es/quieroquetequiero/2013/12/19/para-navidad-me-pido-ser-feliz/

 

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En la actualidad la gente sólo se preocupa por sus derechos. Recordarle que también tiene deberes y responsabilidades es un acto de valor que no corresponde exclusivamente a los políticos. Gandhi.
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